ATACAMA

05.01.2023

El norte de Chile que nos recuerda a nuestro Sur se compone de desierto y salares rodeados de los Andes🌄. Unos andes desprovistos de vegetación pero llenos de volcanes y minerales que llenan el paisaje de colores.

San Pedro de Atacama🏘️ se sitúa en mitad del segundo salar más grande de Sudamérica, después del afamado Salar de Uyuni no tan lejos de ahí, al otro lado de la cordillera. Y es que los montes que rodean este pequeño enclave ocultan tras de sí el norte de la Argentina🇦🇷 y el suroeste de Bolivia🇧🇴. Un lugar que siendo Chile recuerda inevitablemente al Perú🇵🇪, también a Bolivia y en definitiva al pueblo Aimara que también habita y habitaba la zona cuando los estados marcaron sus límites con sus guerras.
Un pueblo que todavía hoy es historia viva de los pueblos preincaicos y prehispánicos 💪🏽 que cruzaban la cordillera y el salar con sus llamas portando mercancías y cosiendo la cordillera de este a oeste.
Este mágico lugar además de contar con fantásticos lugares desérticos llenos de colores y formas que te hacen sentir en otro planeta, en sus gélidas noches te permite soñar con esos mismos planetas y estrellas que no podemos ver a diario.

Uno de los cielos más despejados del mundo que acoge a gran parte de los telescopios astronómicos del planeta nos permitió conocer el cielo del Sur 🌌 con detalle así como la cosmovisión andina. Una experiencia memorable que duró el tiempo que tardó la luna llena en aparecer. Su deslumbrante blancura 🌕 consiguió difuminar las estrellas, Júpiter y sus lunas, Saturno, la estrella Sirio, la constelación de la Cruz del Sur o las dos galaxias colocadas junto a nuestra vía láctea marcan el Sur global como brújula 🧭 de quien mira los cielos de este hemisferio.

Las rutas en bici entre paramos desérticos; la subida al Cerro Tocó, volcán a 5.604 m del nivel del mar; la visita a las lagunas saladas llenas de flamencos o a las punas con Guanacos y Vicuñas y conocer pinturas rupestres sobre rocas ancestrales o montañas vestidas de colores tan ancestrales como los propios de los minerales que las componen.

Un lugar, en definitiva, mágico para deleitarse con lo maravilloso del paisaje desértico. 

El salar de Atacama es una planicie incrustada entre la cordillera de los andes 🌄 y otras cadenas montañosas menores que aíslan este trozo de desierto del resto del país impidiendo su conexión con el mar 🌊. Es por ello, por lo que las aguas de las lluvias de los inviernos bolivianos que se dan estacionalmente en la zona nunca fluyen hasta el mar. En cambio se acumulan en esta planicie donde o bien se infiltra al subsuelo o bien se evapora 🪨.

De esta forma se van acumulando las sales, formando los géiseres, y creándose montañas de colores, lagos salimos y un sinfín de biodiversidad de montaña donde destacan las poblaciones de flamencos más importantes del mundo🦩. Flamencos que se alimentan de unos particulares micro crustáceos🦐 que sobreviven en condiciones de alta temperatura y salinidad. Este alimento es lo que colorea el plumaje característico de las aves. Pero por ser estos blancos y no rosados, nuestros amigos alados también lucen blancos ⚪.

Más allá de la meseta salina, hacia las cordilleras del oeste, menores en altura surgen pastos que moran los Guanacos🦙, camélidos de la familia de las llamas peor que viven en estado salvaje. Y más en altura, en las punas🌾 de la cordillera andina, podemos encontrar a sus parientes de menor corpulencia, las Vicuñas🦙, que comparten ecosistema con los Ñandús, los Zorros o las Vizcachas.

Los accidentes geográficos y climáticos una vez más condicionan un territorio que se transforma único y lleno de vida ✳️, más allá de su denominación de desierto. 

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