CHUBUT

01.04.2023

Y entonces, se da un punto de inflexión.
Ya no viajamos hacia el Sur nunca más, la flecha de la brújula se vuelve a orientar hacia el Norte.
Salimos de la tierra del fuego y cruzamos en bus toda la estepa patagónica, de un sur inhóspito e inhabitable.
Nunca habíamos divisado nada tan vacío de humanidad y tan lleno de la nada. Solo los ñandús y los guanacos se atrevían a romper con su verticalidad tan llano horizonte.
El trayecto nos llevó a subir kilómetros de carretera, en una ruta que duró más de 24 horas. Alcanzamos al amanecer enclaves como el Calafate y el Chaltén, pidiéndonos despedir desde la ventanilla del autobús del Fitz Roy y de tan bellos paisajes que ya nos eran familiares.
Y nos fuimos más al norte, en ese mismo viaje, que terminó, por un tiempo, en Esquel. Dejamos atrás la interminable región de Santa Cruz y empezamos a explorar el Chubut .
Un Chubut que nos abre las puertas desde Esquel, un Chubut mapuche que defiende su agua, un Chubut que dice NO A LA MINA, una región Rebelde que nos acoge en el Almacén del Amor. Un almacén decorado con el Gernika, habitado por la persona más generosa que nos regalaría el viaje y dinamizado con comidas, resistencias, aprendizajes, encuentros, amistades y cuenta cuentos.

Tras intensos días en el Sur de Chubut, habitando tierras rebeldes en lucha en Esquel y visitando proyectos transformadores en Trevelin, volvemos a la carretera.
Atravesamos el #parquenacionaldelosalerces en autobús  sin poder disfrutar de sus lagos y rutas debido a la lluvia y a nuestro cansancio después de tantos días, semanas, de itinerancia sin excesivos descansos. Sabemos que dejamos un tesoro atrás, pero otros nos esperaban más adelante, nos resignamos a disfrutar de los acogedores paisajes a través de la salpicada ventana del autobús.
El paisaje cambia de montañas y lagos, a campos y fincas ganaderas de Gauchos patagónicos. Y el bus nos cruza la provincia de Chubut hasta Epuyen. Nuestro destino era Lago Pueblo, una tirada de autostop en esa carretera en mitad de la nada nos llevó directamente hasta la puerta de el ya reservado hospedaje, donde disfrutaremos de un más que merecido descanso.
Lago Puelo, y lago Epuyen , nos acogieron esos días, de descanso; de disfrute entre lagos, entre amistades; de matecitos  y empanadas; de música; de proyectos sostenibles y bioconstrucción; de reconexión con la Tierra y la ancestralidad y sobre todo, de Sol, de mucho Sol de finales de verano en la cara.
Si algo es este norte de Chubut es sin duda un excelente rincón del mundo ideal para parar. 

Estos días de descanso en Lago Puelo y lago Epuyen nos permitimos parar y simplemente disfrutar de lo que estaba pasando en aquel rincón de la Patagonia 🌅.
Las paradas nunca son tales, sino que se adquieren otros ritmos. Ritmos de levantarse sin prisa, disfrutar de ver pasar el amanecer desde la ventana de la habitación. Ritmos de ver la constante e interminable toma y daca entre agua y piedra en la orilla desbordante del lago 🏞️.
Ritmos de música ancestral, tradicional y moderna que nos mueven por dentro.
Pues estos dos lagos nos permiten descansar de tan largo viaje, tomarnos un mate, comernos unas empanadas, disfrutar de la mañana, del paseo y de las tardes de verano ya tardío. Parar nos permite disfrutar de la vida tranquila y a la vez dinámica de una sociedad joven que se enraíza en aquel lugar🪺.
Un lugar este con fuerte ancestralidad mapuche, tradición gaucha y ahora notablemente invadido por jóvenes urbanos que buscan reconectar con la tierra 🌱 y los ritmos del campo para empezar a criar a otra generación🌸.
Y como si fuéramos alguien más de esta incipiente comunidad pasamos una mañana de minga (trabajo comunitario) revocando con barro las paredes de lo que sería la nueva aula para estudiantes de primaria en la escuelita de @elsalto.lagopuelo 🦘.
Por la tarde se celebró el Abrazo Argentino, un festival con rastro y música que nos permitió hacer completa esa sensación de vacaciones de verano.
Gracias a @carogoijman por ayudarnos a conocer y conectar con tan maravilloso lugar🤗. 

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