EL BOLSÓN

16.04.2023

Disfrutando de una merecida pausa viviendo y trabajando en comunidad en el Earthship Patagonia de El Bolsón

15 de abril del 2023 / El Bolsón

Llegada al paraíso otoñal.

Y llegamos a otro rinconcito donde la utopía es posible. Un pequeño punto de este vasto continente que permite que gente linda se congregue sobre él. Pues está claro que las utopías las facilitan los lugares, pero las personas lindas son las que las construyen. Y fue precisamente eso lo que encontramos al llegar a aquel desconocido lugar. Un lugar y unas personas lindas con ganas de construir la utopía.

Después de un día en la montaña recogimos las mochilas donde nos hospedábamos hasta la estación de buses de Bariloche, mochilas, bus de línea, larga espera en la estación y viaje hacia el Bolsón. Este fue el primer viaje al Sur desde que comenzamos a remontar el continente desde Ushuaia. Al llegar al destino todo estaba a oscuras, era tarde y estábamos cansados. Desde la parada donde nos dejó el bus, que estaba situada en la calle central, nos dirigimos con esa sensación de pisar por vez primera un lugar desconocido, no necesariamente peligroso, pero si ajeno, atravesando calles residenciales vagamente iluminadas, hacia las afueras de la población, donde se nos indicaba que estaba el destino.

Conseguimos llegar sin problema a lo inequívocamente iba a ser nuestro lugar de descanso de las próximas semanas. Entramos en el jardín del Edén, éste era un jardín sin verjas, densamente vegetado e iluminado con luces de colores estratégicamente colocadas, desde que pusimos el primer pie sobre él ese lugar nos permitió sentir que tenia una magia especial.

Cruzamos una puerta de entrada, sin verja que impidiera rodearla, dejamos a un lado el invernadero y al otro un pequeño huerto y atravesamos el jardín, sorteando lo que parecía una poza o riachuelo. Entre luces vimos la parte frontal de la casa Nave tierra (Earthsihp) estructura que habíamos rodeado al dar vuelta a la cuadra para encontrar esa peculiar entrada a la finca. Seguimos adelante entre diferentes construcciones de madera, hasta llegar a la única que parecía habitada. Al fondo de ese jardín, se encontraba ésta construcción de dos alturas, la parte baja, contaba con un gran ventanal prácticamente al ras del suelo desde donde salía una luz cálida y se percibía un ruido de conversación afable entre gente alrededor de una mesa. Y eso nos encontramos. Al entrar cargados con nuestro pesados bártulos, pudimos ver como un número majo de  personas giraban sus cabezas y nos invitaban a pasar. Estaban esperándonos para cenar con la comida en la mesa y la sonrisa en la cara.

Cuando se viaja durante tan tiempo, después de tantas horas de buses y de dormir aquí y allá, y aunque uno viva experiencias increíbles, también cae rendido ante el agotamiento y agradece parar. Y es ahí, cuando necesitas descansar, cuando buscas hogar. Eso es exactamente lo que necesitábamos en ese momento. Solo queríamos un poco de otoño, de estar recogidos, quietos y descansar. Eso fue lo que encontramos, un grupo de gente preparada para dejar atrás el verano y centrarse en el recogimiento. 

La mayor decepción fue no disponer de una habitación propia, un armario donde deshacer la maleta o una balda donde dejar tu cosas. Pero eso también es parte de viajar, saber adaptarse a lo que se te presenta. El alojamiento era una Yurta sin suelo, fría y oscura, donde dormíamos unas 10 personas en distintos colchones sobre pales y tablas. A fin de cuentas veníamos de voluntarios, no de huéspedes, no quedaba otra que adaptarse y asumir la situación. A pesar del frio y de la falta de intimidad, caímos rendidos en un profundo sueño.

16 - 19 de abril del 2023 / El Bolsón

Voluntariado en la Nave Tierra y vida en la Patagonia argentina

Al día siguiente, comenzó el primero de varios días voluntariados en este mágico lugar. Comenzamos con música a hacer camas y limpiar las habitaciones, estas eran yurtas, pero con suelo y mas recogiditas. También tuvimos que limpiar el propio Earthship, limpiar las cristaleras, destelarañar los techos, limpiar los baños o hacer las camas. 

Earthship o Nave Tierra es una construcción bioclimática, que limpiamos tan a fondo, en si misma, se merece un artículo entero. Pero esta es solo un elemento de todo el espacio que en su totalidad forman el hostal sostenible con el mismo nombre. Espacio que también merece su propio artículo o al menos, mayor descripción. Todo ello, construcción y modelo permite un turismo sostenible ideal, sustentado por un estilo de vida ejemplar tanto a los huéspedes como a los voluntarios, como era nuestro caso.

Son muchos los gatos de los que nos encariñamos, amigos del proyecto que nos visitaron, largas conversaciones, infinitas comidas en hermandad, y cálidos e inagotables abrazos. Anécdotas graciosas, y horas de trabajo que parecían ser horas dedicadas a diferentes aficiones, atender el huerto, hacer el pan o la granola que se servíamos a diario en el desayuno, limpiar el hostal, cocinar cenas, comidas. Todo tareas cotidianas, que en grupo se convertían en livianas y divertidas.

Este era un pequeño paraíso, otro más en el camino, y uno que nos permite hacer un alto en ese camino. Nos permitía recargar la pila y disfrutar de un ritmo pausado. Un alto para pensar, para testear que otra manera de cocinar es posible, que otra manera de alimentarse es posible, que otra manera de vivir es posible.

Además del Earthship y su gente, el lugar donde este se situaba, era en sí otro paraíso terrenal. El Bolsón y sus gentes estaba hecho de algo mágico. Ya conocíamos el Bolsón, pero como la gran ciudad de referencia, durante nuestra pequeña estancia en Lago Puelo. Nunca lo habíamos callejeado, ni conocido en profundidad. Esta vez si tendríamos esta oportunidad. Pudimos saber donde se vendían los mejores helados, incluso cuales eran los mejores sabores. Pudimos encontrar cafeterías donde tomar un buen chocolate y encontrarse con gente conocida o visitar espacios culturales y puestos de comida tradicional para deleitar el paladar. Pudimos bañarnos donde se bañan los niños cuando aun pega fuerte el Sol, y pudimos visitar proyectos agroecológicos con la explotación de frambuesas situada en los campos próximos al pueblo. Pudimos conocer cuales eran las luchas a través de los grafitis y los carteles y cuales eran los quehacer cotidianos de las gentes. En definitiva, pudimos vivir mas que visitar un lugar. Y esto nos permitió llegar a la siguiente reflexión: 

Sentirte cómo uno más, sin ser un turista, sin ser un viajero, sin ser paseante, ya casi sin ni siquiera ser extranjero. Eso es lo que puedes vivir si te quedas en un lugar por un tiempo. Si repites un mismo caminar por la misma acera, si tomas mate en el parque, si bajas al rio a bañarte o si esperas al ómnibus, como uno más.

Tras esa falsa sensación de estar en el hogar, a la que los propios paisajes otoñales contribuyen, uno sabe que todo no es más que fruto de un espejismo. Sin barrera idiomática y por la coincidencia de estar en la latitud exactamente opuesta, las gentes y la vegetación de estos lares juegan al engaño en mi mente.

Y es en ese mismo parar donde también te das cuenta de la auténtica raíz del lugar. El Bolsón puede ser muchas cosas, pero no sé entiende sin sus tres pilares demográficos, con sus subdivisiones e incluso entremezclados. Mapuches, Gauchos y neo-rurales. Ah!, y algún que otro viajero que pudiera estar jugando a sentirse local.

La raíz es claramente mapuche, en la mirada de la gente, en los colores de las paredes y en las luchas presentes, el contexto es puramente Gaucho, un estilo de vida ligado al campo, a sus vacas y sus cultivos, y la guinda, son los centenares de jóvenes, mayoritariamente porteños, que buscan una vida más tranquila en la lejana Patagonia. Estos últimos ya formando nuevas familias son un fenómeno en si mismo y no una minoría aislada. En ellos recae los talleres de bioconstrucción, los proyectos nuevos de agroecología y un sinfín de actividades y representaciones artísticas. Todo ello se entremezcla y no sé podría entender por separado. Eso es el Bolsón o al menos así se evidenció ante mis ojos. Así se evidencia cuando tomas un bus local.

Los turnos eran partidos, asique con algo de organización, se podrían aprovechar mañanas o tardes para ahondar más en esa sociedad que nos acogía y en ese espacio que acogía la misma. No desaprovechamos la ocasión para hacer escapadas, tanto al pueblo como a sus alrededores, incluidas las montañas.


20 de abril del 2023 / El Piltri 

Subimos a una de las cumbres más emblemáticas de El Bolsón.

El Piltriquitron, que significa "Un gigante colgado entre las nubes" en mapudungún. Así lo nombraron los mapuches que habitaron y habitan el valle. Este gigante que aparece y desaparece y no pocas veces cuelga entre las nubes que cubren el valle creando un puente entre las comas y cerros que lo envuelven.

No son pocas las leyendas por parte de los pobladores que compartían el valle con duendes que se narran en torno a este cerro tan cargado de espiritualidad.

El Piltri, como se le conoce cariñosamente, es un elemento más de la naturaleza, como el fluir del arroyo sobre los cantos, el crepitar de las llamas o la caída ligera de las hojas en el otoño. Este es un gigante estoico en su quietud que desborda vida en sus faldas y laderas y que vibra en su inmovilidad en lo alto de su cima.

Y es ahí, en lo más alto, donde el horizonte se expande ante nuestros ojos. Nos deja ver más allá del valle. Nos permite ver un no pequeño trozo de la cordillera que cose la frontera entre Chile y Argentina y estructura en torno a ella a tantos pueblos y paisajes del continente sudamericano.

Y allá al fondo, al otro lado de la cordillera, imponente, avistamos la cumbre del Osorno. Monte cuyas faldas recorrimos hace unos meses, que hoy ya parecen décadas. 

(ver ruta en wikiloc

Al bajar teníamos turno de tarde, nos tocaba hacer la cena. Y con el subidón de haber coronado la cumbre y con el recuerdo de las vistas de toda la cordillera pusimos todo nuestro empeño en hacer una buena cena para huéspedes y compañeros.

21 de abril del 2023 / Rio Azul

Baño en el Río Azul.

Un día más en el paraíso. Tras trabajar en la mañana, librábamos la tarde, así que tomamos uno de esos buses que te llevan a Lago Puelo y nos fuimos a pasar la tarde en el río. Paramos justo a la entrada de Lago Puelo desde el norte y caminamos hasta la Pasarela del río Motoco. Allí cruzamos la pasarela hasta La Maruka resto, un lugar que prometía ser algo digno de disfrutar durante las jornadas estivales, que dado que ya era otoño, pese al Sol que irradiaba fuerte sobre nosotros, estaba cerrado. Volvimos de vuelta a disfrutar del baño de Sol  puesto que las aguas prometían estar gélidas. Tras un rato en la playa frente a la pasarela, donde cansamos leímos y charlamos en esa tarde de otoño nos fuimos según caía el Sol a cenar a la Cervecería Ølkrus, estratégicamente situada en la calle principal y junto a la parada de bus que nos llevaría de vuelta a El Bolsón. Nuestro compañero de aventuras y tertulias y promotor del plan se volvió al Earthship sin quedarse a cenar, pero quien sí nos acompaño fue nuestra quería amiga que residía en Lago Puelo. Con Carol disfrutamos de una de las mejores empanadas que hayamos comido en todo el viaje en aquel encantador bar de madera con música en directo. 

Este mismo día pude reflexionar sobre donde estábamos viviendo, estas son las palabras que dibujé sobre mi cuaderno de viaje:

Este es un lugar único y maravilloso, una especie de oasis dentro de otro. El Bolsón y sus localidades aledañas, como Epuyen o Lago Puelo respiran un aire diferente al resto de la Patagonia argentina. Una especie de hipismo colectivo, mezclado con gauchos y mapuches en un interactuar continuo con los hijos descarriados de la gran ciudad que buscan en este entorno cada vez mas urbano algo de ruralidad.

Yo, quizás como otro hijo descarrilado de la ciudad mas, me encuentro especialmente cómodo en este tramo de la interminable cordillera, que ahora recorro de Sur a Norte por su lado oriental. Los planes, la gente, los negocios, los mercados, todo, evoca a una sociedad orgánicamente utópica donde se vive de la Tierra y en comunidad. Y dentro de toda esta utopía generada en mi cabeza, me encuentro en la tranquilidad de este oasis denominado Earthship Patagonia. 

En este hostal donde ya casi llevo una semana de voluntariado, la gente, la energía de comunidad conectada con el otro y con la Tierra se hace realidad. Se trata de un espacio milimétricamente diseñado que combina casa de tierra y madera soterradas bajo tierra, con techos y paredes de hierba y cristal, con espacio de huerta para alimentar a viajeros y habitantes y zonas húmedas, arroyos y lagunas para al gestión natural de las aguas utilizadas en el espacio.

Rodeado de calles y carreteras, mas ruidosas de lo deseado, este espacio vibra con su exuberante vegetación que cubre espacios comunes y edificios. Y como no podría ser de otra manera aquí nos encontramos gentes del mundo con diversos intereses pero con una misma filosofía de vivir de manera armónica con el entornos y con los demás.

Abrazos interminables entre olor a plan tostado hecho el día anterior es la estampa matinal que da inicio a una tranquila jornada de cambiar camas y sabanas, trabajos en la huerta, limpiar baños con música o cocinar tardes enteras la cena abundante para todos. Interés por el kung fu, la cultura ancestral china, libros del Tao, yoga y biodanza; conversaciones de astrología se confunden con el reparto de conocimiento sobre plantas y huerta. Muchos intereses armónicamente combinados en una sinfonía que personalmente siento como música clásica en mis oídos.

Lugares así, gentes así, existimos en todos lados, solo tenemos que encontrarnos y ser felices viviendo en conjunto armónicamente. 

Al día siguiente, era nuestro día libre, y sin duda íbamos a aprovecharlo para hacer una escapadita.


22 - 23 de abril del 2023 / El Cajón Azul

Ascensión hasta el Refugio La Horqueta.

Como no podría ser de otra manera, aprovechamos el día libre para ir a la montaña un par de días.

La ruta, tan sencilla como hermosa, consistía en subir hasta el refugio La Horqueta remontando el río Azul. Pasar una noche arriba y desandar al día siguiente el mismo camino para volver a cubrir el turno de las cenas.

Salimos temprano en el bus que salía del centro hasta Wharton, paramos junto al Hostel el Polaco. Allí, iniciamos la ruta ascendente por el cajón del Azul. Ese lugar era exactamente donde confluía el río homónimo al cajón que íbamos a recorrer con el río Blanco que regaba el cajón paralelo un poco más al norte. Juntos los dos ríos hechos uno recorrían el ancho valle del Bolsón hasta desembocar en el Lago Puelo.

Nuestro camino se torno precioso siempre junto al río, un río que nos invitaba a bañarnos a lo largo de toda esa cálida mañana otoñal con recuerdos del verano. Dejando el baño para la vuelta del día siguiente, ascendimos entre Coihues gigantes cuyos troncos mágicos dibujaban mil formas que hacían brotar muestra imaginación, solo interrumpida por turistas a caballo. Caballos que eran guiados por auténticos gauchos, lo cual nos llevaba a divagar aun más. Divagación que aumentaba cuando el camino pasaba junto a cabañas de madera situadas en el bosque y que nos forzaban idealizar la bucólica vida del campo. Todo ello culminado por atardeceres rojizos sobre las montañas que estrechaban el cielo sobre nosotros, que seguíamos avanzado hacia arriba entre boscosas paredes.

Al llegar a la Horqueta, sin previo aviso nos acercamos con nuestros bártulos al refugio que estaba solamente cuestionado por caballos y chancos. Ya casi al llegar a la puerta apareció un hombre, debería ser el famoso "Burrito" del que nos habían hablado en el refugio anterior cuando paramos a preguntar. Este era el encargado suplente del refugio, y nos acogió de mil amores.

Burrito era un Gaucho hecho a si mismo. Criado en las planicies de la vecina Neuquén, había nacido para vivir en la soledad de la montañas que hoy le daban refugio. Tan misterioso como amable nos enredó en una conversación interminable sobre la vida en la Argentina y en esa Patagonia olvidada. Con la músico de Larralde sonando de fondo y el mate bien caliente en la mano y su mirada melancólica nos proporcionó una de las experiencias más auténticas que viviríamos en esa olvidada Patagonia argentina.

Además del paraje maravilloso y la autenticidad del momento, la cabaña estaba llena de gatitos, no se podía pedir más. Nos constó retirarnos a nuestra fría tienda que montamos al otro lado del claro. Y más nos constaría abandonar ese bucólico lugar al día siguiente.

La despedida de burrito fue alegre, pero con tono melancólico, fue algo tan breve que nos dio tanto, que es difícil expresar. Son esas personas que pasan fugaz y superficialmente por un momento muy preciso de tu vida, pero que generan un poso que hacen que difícilmente las olvides el resto de tus días. Y de esa escapada a las montañas, fue eso lo que nos llevamos, a Burrito, al folk argentino, a la melancolía del campo, incluso a la verdadera Patagonia.

Como si bajáramos de una nube en vez de la montaña, llegamos al atardecer, a ese otro trozo del paraíso, donde nos hospedábamos y nos pusimos a hacer la cena y a compartir con huéspedes, menos y voluntarios, ya mayoría a estas alturas del otoño, nuestras vivencias y nuevas conversaciones. 

24 - 27 de abril del 2023 / El Bolsón

Tareas cotidianas que construyen soberanía

Al día siguiente volvimos rápido a la no rutina del Earthship, donde nunca se repetía tarea. Esa mañana nos tocó limpiar y ordenar el taller para dejarlo listo para el invierno. El resto de días pudimos terminar de tapar los bancales, recoger la sábanas, reponer la despensa, seguir haciendo cenas, o ir a la serrería del barrio con carretillas a por serrín para utilizarlo en el baño seco. Incluso tuvimos que limpiar el propio baño seco, aunque por suerte solo una vez. Todas las tareas eran sencillas, entretenidas y fascinantes, porque te permitían segur juntando piezas de todo el puzle que era aquel espacio sostenible y autosuficiente. Desde la alimentación, al compost, la gestión de las aguas, etc. Todo estaba enfocado desde una mirado sostenible. 

Pero sin duda, lo destacable del proyecto era su sistema basado en voluntarios bien guiados por tres encargadas que hacían que todo funcionara. Lejos de proyectos comunitarios como Rihannon o Espacio Utopía, este lugar no dejaba de ser un negocio, y por ello tenia cierta estructura. Pero no solo era un negocio, y no solo destacaba por ser un negocio sostenible. Si no que el espacio se construyó desde la sostenibilidad pero se sostenía y funcionaba desde ese mismo espíritu, ya sea por quienes trabajaban allí, como por quienes voluntarieaban, por cortos o más extensos periodos de tiempo. La clave del espacio, eran sin duda, las personas y la energía que le ponían.  

Y no solo por quienes estaban ahora sino por quienes habían estado y quienes desde fuera son amigos del proyecto. El día antes de irnos, vinieron de visita a cocinar y a cenar nuestra amiga Caro, que tiempo atrás vivió en el proyecto y otros viejos amigos del espacio. Hicimos millones de Arepas de todos los sabores y colores y pasamos una magnifica cena juntos. En ese espacio conocimos a quienes al de dos días nos llevarían en coche hasta Bariloche, para que tomáramos el bus hacia norte. 

En cuestión de dos días el otoño veraniego, se volvió invernal, los días de sol en la cara eran menos, y cada vez más días el Piltri pasaba cubierto por nubes y las hojarascas que cubrían los suelos mojadas. Casi casi, parecía que se alternasen, un día de lluvia, otro de sol, que nos permitía hacer una escapadita a las lomas cercanas para poder ver por ultima vez los colores otoñales del valle. Dentro de nosotros, ya sabíamos que estábamos de despedida.

Hicimos las ultimas escapadas al pueblo, para saborear esos helados, recorrer esas calles, y despedirnos silenciosamente de esas gentes que sentíamos un poco como comunidad. Y en esa humana manera de querer recordar algo a través de lo material fui en busca de subvenirs en formato de libros y ponchos. Encontré una joya de librería, que ojalá haberla conocido antes, y a fracasé con el poncho de guacho, que a pesar de encontrar una autentica tienda con ropa de campo, nunca me decidí por ninguno, como nunca compre el poncho mapuche en Chile, y que quizás así tenía que ser. 


 27 de abril del 2023 / Despedida

Agur El Bolsón 

Si querer que llegara, y siguiendo la alternancia climática, esta vez bajo la lluvia, llegó el momento de la marcha. El cielo se caía, que siempre hace las despedidas mas melancólicas, pero también ayuda a dejar un lugar que pronto iba a ser devorado por el frio, la lluvia y la quietud. Nosotros, ya habíamos aprovechado esas dos semanas para cargar la pila, pero nuestra intención no era aguardar al invierno, sino ir en busca del verano.  Nuestro viaje seguía e íbamos hacia al Norte, que estando en el Sur, sería como ir hacia el Sur.

Después de infinitos abrazos y agradecimientos, subimos hundidos por la lluvia al coche de la chica uruguaya que iba hasta su casa en Uruguay, copilotada por el colombiano que nos deleitó con las Arepas dos noches atrás. Estos muy amablemente nos facilitaría sortear esas dos horas que nos separaban de Bariloche, la música, la conversación y la tromba de agua, nos distrajo de lo que dejábamos atrás y nos reseteó de cara a lo que venía. Oficialmente, ya estábamos de nuevo en modo viaje. 

Eso sí, siempre quedaremos eternamente agradecidos por todas esas personas que desde el rincón de su vida cotidiana terminaron llegando a aquel lugar en aquel momento para hacer de esas semanas una experiencia para recordar toda una vida.  

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