SALKANTAY TREK

24.10.2022

SALKANTAY TREK (CUSCO, PERÚ)

Tres días caminado al Machu Picchu. Tres días de caminata hasta llegar a la joya de la corona peruana. El trekking de Salkantay nos condujo entre pasos de montaña y cañones hasta la selva alta donde se enclava la antigua ciudad de Machu Picchu.

Primera etapa: Acercamiento desde Cusco y laguna Humantay 

Iniciamos la aventura, como otros muchos viajeros, desde el Cusco. Para salir de la ciudad, la opción más cómoda es acercarse a la parada de Arcopata. Esta está cerca del centro histórico de la ciudad, seguramente por donde estés moviéndote en tu visita a la ciudad imperial. Exactamente la parada de combis se sitúa al inicio de la avenida de Arcopata, desde la avenida Apurimac. De ahí salen autos a Curahuasi, aseguraros de subir a la combi que os lleve a Mollepata. Como vosotros, probablemente habrá más mochileros con el mismo destino. Presenciarse en ese cruce y os empezarán a llamar. Los horarios, como de costumbre son salir cuando se llena lo suficiente el vehículo, y los precios hay que negociarlos. Nosotros aparecimos allí sobre las 9:00 y a las 9:10 ya salimos, tuvimos suerte ya que con nosotros se llenó la combi. En cuanto a precio, negociamos junto con el resto de los mochileros y lo conseguimos a 20 soles a Mollepata.

Nos costó llegar a Mollepata más de lo pensado, la carretera estaba cerrada por obras y el camino alternativo era poco seguro, así que se decidió esperar a la apertura de la carretera. Estuvimos como una hora de espera y continuamos el camino hasta la villa rural de Mollepata.

Una vez allí el conductor de la combi se ofreció a subirnos hasta Soray (Soraypampa), lugar de donde sale el trekking. Tuvimos que negociarlo y lo conseguimos por otros 20 soles (5€) por persona. En total 40 soles (10€), habíamos visto que la gente pagaba hasta 50 soles (12,5€), asique salimos satisfechos. Si no os ocurre lo mismo en la misma plaza de Mollepata donde os dejará la combi podéis tomar un taxi que os subirá a Soray por unos 30 soles (7,5€).

La carretera de montaña cada vez más sinuosa se abría paso entre el humo de los incendios forestales que amenazaban desde las laderas. Tras pasar casi todo el día de viaje conseguimos alcanzar la localidad de Soray. De ahí fue fácil alcanzar la laguna Humantay para ver el atardecer.

Una vez en Soray donde nos deja la combi caminamos hasta el lugar donde dormimos. Existen varios lugares donde dormir, hay un refugio en el mismo aparcamiento algo más preparado. Nosotros optamos por subir más arriba a la intersección entre la subida a la laguna Humantay (4.312m) y la ruta hacia el paso del Salkantay. Donde se encuentran las caballerizas de Salkantay hike montamos la tienda de campaña (también tienen unas cabañas pequeñas con colchón) por un módico precio para hacer uso del baño (no esperéis muchas comodidades). Aun quedaban unas horas de luz y pudimos subir a disfrutar del atardecer desde la laguna Humantay. En total caminamos 3,7km en 2 horas 40 minutos y cubrimos un desnivel de 2.291 metros.

(ver más datos en wikiloc).

Segunda etapa: El paso de Salkantay.
A primera hora de la mañana, antes de que saliese el sol, comenzamos a caminar. Fuimos los primeros en ponernos en marcha e hicimos toda la subida hasta el paso de Abra Salkantay prácticamente solos. Rodeados de llamas y caballos paciendo por los pastos de montaña ascendimos sin descanso y en tiempo récord, hasta lograr ver la cumbre del paso Abra Salkantay. En apenas 3 horas alcanzamos los 4.647m de altitud del paso, superando un desnivel de 762m en unos 6,5km. Desde ahí arriba, tímidamente oculto entre las nubes pudimos contemplar el coloso nevado que cubre la cumbre del Salkantay. 

Desde ahí, casi con un cambio radical de paisaje, bajamos los 16 kilómetros restantes de la ruta hasta alcanzar el pintoresco pueblo de Colcapampa (22,5 km). En total le dedicamos 8 horas (22,5km) a la primera etapa (ver más aquí). Estuvimos tentados de parar en el primer asentamiento junto al río, pero decidimos añadir ese último kilometro y llegar a Colcapampa. Un asentamiento un poco más grande al otro lado del río, pero lo suficientemente pequeño como para que nos recibiera un cerdo caminando en solitario por el medio de la única calle del pueblo. Allí, otro viandante, este humano, nos llevó a casa de su prima donde conseguimos un lugar que nos dieran de comer y un sitio para acampar.

Tanto este pueblo como el asentamiento anterior están lleno de opciones para acampar, con tienda propia o porteada por las agencias o en cabañas o en las propias casas tienen zonas habilitadas para alquilar. Nosotros llevamos nuestra tienda y no reservamos nada, depende la temporada del año o de vuestra estructura mental deberías valorar reservar o no. Nosotros no lo vimos necesario.

También nos sorprendió no ver a nadie en el camino más que algún grupo que llegaba al Abra cuando iniciamos la bajada y alguna pareja en el camino de bajada. Si es cierto que al parecer salimos los primeros en la ruta y los grupos organizados van mas lentos. Nosotros llegamos sobre la una del mediodía y hasta las cinco de la tarde no vimos llegar al resto que compartió camping con nosotros. Recomendación, como siempre, madrugar y disfrutar de la ruta en soledad.

Tercera etapa: El cañón de Lucmabamba.
A la mañana siguiente me levanté con 29 años y celebré mi cumpleaños caminando otros 19 kilómetros en algo menos de 6 horas prácticamente en continuo descenso (981m) a lo largo del cañón hasta Lucmabamba (ver más aquí). El camino no tiene mucha dificultad más allá de seguir caminando con el peso que hayas decidido cargar, en nuestro caso no era poco. Por eso volvimos a seguir la misma estrategia de madrugar, salir de los primeros y caminar hasta el mediodía para poder descansar en la tarde. Esta vez sí nos cruzamos con algún grupo madrugador y compartimos viaje durante un tramo. Ellos, que iban más ligeros, podían permitirse parar infinitas veces a observar la fauna y flora acompañados por su guía y luego volver a adelantarnos. Nosotros íbamos con paso constante y parábamos para beber agua y descansar hombros cada hora aproximadamente.

En esta etapa, el cambio de paisaje y clima cambia radicalmente, ya te adentras en la selva alta y las temperaturas y la humedad ascienden según vas descendiendo el cañón. Hay alguna zona de desprendimientos que es más expuesta, pero caminando con cuidado la anchura del camino hace que sea seguro pasar esos tramos. También existen algunos asentamientos que proveen al caminante de comida y bebida, nosotros a pesar de llevar nuestra comida no pudimos dejar pasar la oferta de un zumo de naranja recién exprimido. Además, aquellos bucólicos de campas de hierba corta casas humildes y huertos familiares junto al rio merecían un alto en el camino para disfrutar del lugar.

El camino no es el más impresionante de las tres etapas, pero si se quiere se le puede sacar el valor que tiene. El rio te conduce sin perdida hasta Lucmabamba donde se aprecia un núcleo de población mayor. En este punto cruzamos el rio por su primer puente, el destinado a vehículos y que se une a la carretera de tierra que bajaba paralelamente al camino por la ribera opuesta al rio desde Colcapampa. Nos dio la impresión, quizás por el cansancio del momento, que erramos en la elección. Hay otro puente peatonal una vez atraviesas el pueblo y que te obliga a subir menos altitud conectándose a la misma carretera por la que íbamos. Lo dejamos a elección de cada uno, es cierto que esa opción también te permite conocer mejor el pueblo, cosa que nosotros no hicimos.

Siguiendo la carretera de tierra, atravesamos barrios periféricos con pequeños grupos de viviendas junto a la vía. Este tramo hasta alcanzar el inicio del camino del Inca es más o menos llano y por carretera, pero del cansancio acumulado se nos hizo eterno. Una vez alcanzado este punto nos tocaba subir por ese camino del Inca hasta donde queríamos alojarnos. Cumpliendo con las características que se les atribuyen, el camino empedrado salvaba en pocos metros de distancia bastantes metros de altura. Destinamos el ultimo aliento a subir esa cuesta y terminar muriendo en el Refugio de Mery.

Si bien había otros lugares para hospedarse desde el momento que llegas a las primeras casas de Lucmabamba, nosotros teníamos el Refugio Mery como destino, puesto que habíamos leído en un blog de viajes donde recomendaban ese lugar y queríamos darnos el capricho de ir a un lugar recomendado por ser el día de mi cumpleaños. Además, nos ahorramos buena parte de la subida inicial de la etapa del día siguiente. El total de 19 km nos pareció más que suficientes, sobre todo por el peso porteado, no obstante, al día siguiente descubrimos que había gente que fue más allá y se alojó en unas cabañas que hay en lo alto de la colina.

El refugio de Mery se encuentra entre cafetales y árboles de palta (aguacateros) en medio de la ladera y con vistas al valle que dejamos atrás y a la montaña que tendríamos que superar al día siguiente. Llegamos al mediodía y nadie esperaba visitas tan pronto así que la vecina llamo a Mery y negociamos con ella el precio, habitación con baño propio, cena y desayuno por un precio que no recuerdo con exactitud pero que lo merecía con creces. La pena que no funcionaba el agua caliente y tuvimos que esperar a que llegara ella para disfrutar de tan ansiada ducha, aunque durante la espera me anime a una de agua fría con la esperanza de desagarrotar las piernas.

Aprovechando que esa noche pillaríamos cama, pudimos extender la tienda para secarla del rocío de la mañana y guardarla bien. Una tarea que, junto con cocinar y comer, nos llevó toda la tarde debido a las agujetas que provocaban que nos moviéramos arrítmicamente. Llegó la dueña y nos atendió con mil amores, pasó de largo algún grupo más y a última hora llegaron a hospedarse otras dos parejas, una de ellas los británicos con quien subimos en combi desde Cusco a Soray. Una vez anocheció en compañía, los seis disfrutamos de la exquisita cena que prepararon Mery y su marido. Los productos locales, la mano del chef, indudablemente buena y el amor que le ponían a las cosas era de otro planeta. Sumada a la cena, la conversación y el chocolate que ofreció la pareja belga a modo de tarta hicieron muy especial el día de mi cumpleaños. Y como mencionaba el blog, al que nos emperramos en hacer caso, ese lugar fue sin duda el mejor lugar para hospedarse de toda la travesía.

Cuarta etapa: El Camino del Inca.

Nos despertó un desayuno con aguacate, huevos, miel y café de la propia finca y producidos en cooperativa entre mujeres donde Mery es un miembro activo. Insisto, por muy buenas vistas que tengan los alojamientos más adelante o menos haya que andar para los anteriores, el lugar para quedarse es el Refugio de Mery. Al menos esa es nuestra recomendación.

Nos despedimos de Mery, quien nos regaló de su quiosco unas chocolatinas y galletas para el viaje, y con las fuerzas y el corazón recargadas retomamos el camino del Inca. Esta vez madrugamos algo menos y debido al contundente desayuno salimos más tarde de lo habitual, lo que supuso coincidir con muchos grupos a lo largo del camino. El descansar y comer bien llevaría hasta la cima de la montaña en unas 2 horas recorriendo los primeros 6 km. Una vez alcanzado el punto más alto (2.840m) hay diferentes rutas que te llevan a campamentos desde donde pudimos ver todavía las primeras luces del día con vistas hacia el Machu Picchu situado en la montaña de enfrente en la lejanía. Este tramo hasta empezar a bajar tuvimos que ir más despacio inevitablemente, las vistas invitaban a pararse a sacar fotos.

El camino hacia abajo se hace bastante tedioso y no tiene más que una hermosa selva a la que desgraciadamente ya te has acostumbrado y lo que buscas es llegar a la carretera de tierra que te lleva primero a la entrada del parque donde te registras (ver etapa aquí) y luego a la famosa hidroeléctrica, donde comienza la ruta de quienes no toman el tren, pero tampoco están tan locos como para caminar tres días. He de reconocer que a estas alturas ya se hacia más pesado caminar, pero aún quedaban otros 13 km por el famoso camino que transcurre por las vías del tren. Descansamos, tomamos fuerza y le pusimos actitud. Después de otras 4 horas extra caminando llegamos al enclave turístico de Aguascalientes donde decidimos hospedarnos y morir en el primer hostal que nos pareció asequible a nuestra economía de viajeros (ver etapa aquí).

Quinta etapa: Ascenso al Machu Picchu.
Al día siguiente, como no podría ser de otra manera, subimos caminado hasta el Machu Picchu. Y con Machu Pichu no sólo me refiero hasta las ruinas, si no que alcanzamos la cima de la montaña homónima. El ascenso fue pronto en la mañana ya que teníamos el primer turno de entrada y se tardaba 1 hora y media aproximadamente en subir desde el pueblo hasta la entrada. Mientras subíamos por el característico zigzagueante, empedrado y empinado camino inca, entre la selva de yunga que cubría los cerros que rodeaban a la ciudad perdida, iban apareciendo los primeros rayos de Sol de la mañana. Alcanzando un cielo descubierto cada vez más amarillo hacia arriba y alejándonos cada vez más del serpenteante rio, que marcaba por donde trascurría el camino del día anterior y esquivaba los cerros forrados de vegetación que iban quedando por debajo nuestro culminamos el ascenso hasta la entrada.

Tal experiencia maravillosa de ascender a tan mágico lugar durante el amanecer se culminó con la entrada épica a la ciudad olvidada de los Incas. Pudimos ver una primera impresión de lo que son esas ruinas y seguidamente seguimos el ascenso hasta la montaña Machu Pichu (3.078m). En total hasta la cima fueron 4,3 km y 3 horas, teniendo que salvar más de 1.000m de desnivel.

La subida fue todavía más larga y empinada, por momentos, siendo tal la pendiente, que el camino invitaba a trepar por los peldaños de roca que los ancestrales incas tan minuciosamente habían colocado ahí. Por el camino de ascenso la imponente ciudad de Machu Picchu se podía observar desde los cielos viendo como quedaba mas pequeña y encajada entre las majestuosas montañas que la rodean. El marco de todo el entorno es sin duda incomparable.

Ya de bajada pudimos visitar con mas tiempo las ruinas de la ciudad y contemplar su arquitectura tan minuciosa, así como sus entramados urbanos, un lugar, sin duda, merecedor de su categoría de maravilla de la humanidad. No puedo describir más, es algo que cada cual, si tiene la suerte, ha de experimentar por sí mismo.

Sexta etapa: Etapa de salida.

Por que no se le olvide al viajero, recordar que estas en un lugar de donde solo se sale en tren (muy caro para ciertos bolsillos) o caminando hasta la hidroeléctrica. Hay gente que lo hace el mismo día de la visita al Machu Picchu, lo desaconsejo. Nosotros nos dimos el lujo de visitar tranquilamente las ruinas y de pasar la tarde en Aguas Calientes para volver caminando y sin prisa al día siguiente. Sumando todos los kilómetros caminados hicimos un total entre los seis días de 90km en 35 horas de marcha (ver enlace). Una vez en la hidroeléctrica allí se pueden tomar las combis o buses que te llevan a Cusco. Nuestra vuelta particular fue un poco odisea, pero es raro que no llegue a Cusco ese mismo día. Si quieres conocer los detalles puedes verlo en este enlace (Cusco y Valle Sagrado).

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